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Se retira Hasselbaink, el “cañoncito” holandés

Se retira Hasselbaink, el “cañoncito” holandés

Daniel de la Cruz | 16-09-2008

Pocos hombres han dejado tan buen recuerdo entre la parroquia del Calderón como “Jimmy” Floyd Hasselbaink en la última década. Recuerdo perfectamente el verano en que le ficharon, un verano en el que Atlético y Real Madrid pujaron por los dos delanteros de moda en el fútbol europeo: Nicolás Anelka y Hasselbaink. Fue curioso, porque Atlético andaba detrás del primero y Real Madrid del segundo, pero finalmente acabaron cambiándose las papeletas y Anelka vino a pasar un año sabático al Madrid, y “Jimmy” a hincharse a marcar goles. Goles que no sirvieron para evitar el descenso del equipo a Segunda, la intervención judicial del club o los problemas de don Jesús Gil y Gil, que en paz descanse.

También recuerdo su primer partido vistiendo la elástica rojiblanca. No era un partido oficial, era el trofeo Villa de Madrid contra el Sporting de Portugal. Cuando “Jimmy” saltó al campo, oí decir al comentarista por la radio “¡qué lento es Hasselbaink!“. Era un madridista irremediable y confeso, así que imagino que lo dijo intentando autoconvencerse de que el Madrid había hecho bien pagando 5.000 millones por Anelka, y no los 3.500 que pagó el Atleti por el cañoncito.

Hasselbaink, como si llevase una radio puesta y estuviese escuchando al locutor en cuestión, enseguida recibió un balón en tres cuartos de campo. Controló bien, se giró y enfocó su mirada al portero como una pantera observa a su presa justo antes de pegarle un buen zarpazo. ¡Y vaya zarpazo! Arrancó a correr, destrozó a dos defensas por el camino en potencia, y disparó un balón raso desde la media luna que rebentó la red contraria.

Así era él, un delantero potente y goleador. Te aseguraba 20 o 25 goles por temporada, que le dieron al Leeds una Premier. Y además se comprometía con sus equipos como el más veterano de la cantera. Aún tengo grabado en mi mente la final de la Copa del Rey que perdió el Atlético (ya descendido) contra el Espanyol. Aquella en la que Tamudo le quitó el balón de las manos a Toni. Aquél partido que se convirtió en el último de Hasselbaink en España, donde se partió los cuernos por remontar y donde al final, las lágrimas de rabia e impotencia se convirtieron en la imagen de una temporada, el sentimiento de una afición y el fin de una era.

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