En estos días en los que Laporta está intentando tapar el soberano fracaso en que se ha convertido esta temporada para el Barcelona, me gustaría romper una lanza con un hombre con el que se está siendo muy injusto: Frank Rikjaard. Sí, me uno a esa parte de la afición del Barcelona que el otro día en el estadio sacaron pancartas de apoyo al entrenador; posiblemente el que menos culpa tiene en este circo en el que se ha convertido el F.C. Barcelona. Sobre todo me hizo gracia una que rezaba: “You’ll never smoke alone“, haciendo referencia al popular himno del Liverpool.
Frank ha sido el tío que ha conseguido que el Barça jugase el mejor fútbol del mundo durante dos temporadas. Frank ha sacado al equipo de una crisis de fracasos deportivos de la que no eran capaces de levantar cabeza los antiguos directivos, y ha dado al equipo nada menos que dos ligas un la segunda Liga de Campeones de su historia. Se dice pronto.
Las malas lenguas se han empeñado en hacernos creer que la culpa de la debacle futbolística del equipo ha recaído en Rikjaard. Que no ha sido capaz de mantener la disciplina. Y digo yo: si un jugador se niega a entrenar, ¿qué puede hacer el entrenador? ¿Cogerlo de la oreja y obligarle a correr a patadas? Como mucho, puede hacer lo que ha hecho Frank, dejarle fuera de las convocatorias y comunicar el problema a los que mandan, y a los que pagan.
¿Qué pasa? Que los que pagan se han visto incapaces de tomar una decisión a tiempo. Desde el verano pasado ya se venía advirtiendo que había una serie de jugadores que estaban adquiriendo hábitos de pasotismo preocupantes. Léase: Ronaldinho, Deco y compañía. A estos personajes se les debería haber dado pasaporte cuando aún se podía sacar dinero por ellos, y no tener la desfachatez de pedirle ahora 40 millones al Milán por Ronaldinho cuando está tan arrastrado que no es capaz de jugar ni diez minutos.
En definitiva, que pienso que los responsables finales de los problemas del Barcelona han sido de Laporta y sus secuaces. Rikjaard ha sido uno de los mejores entrenadores de la historia del club, y ahora se le echa como cabeza de turco para poner al membrillo de Pep Guardiola. No sólo eso, sino que nunca ha tenido una mala palabra para ninguno de sus jugadores, no se ha dedicado a rajar de nadie, no se ha enfrentado nunca con ningún periodista y siempre ha mantenido una actitud correcta. Además, es de los pocos entrenadores que se van con una sonrisa, y ganándose el cariño de jugadores (no hay más que ver cómo le abrazaban frente al Mallorca) y afición.
Eres grande Frank. Cuídate. Y vuelve pronto.
Etiquetas: Barça, F.C. Barcelona, guardiola, Laporta, Rikjaard


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